20.2.08

So I did...

Hoy hubo eclipse total de luna. Papá me dijo que rezara y que diera gracias a Dios por todas las cosas buenas que nos ha dado. A veces, sin embargo, pienso que no han sido muchas las buenas cosas que hemos recibido en los últimos años. Y otra vez me lo pienso y no es tan así; regresé a la Universidad a estudiar algo que verdaderamente amo, tengo un trabajo maravilloso y bien remunerado, mi familia, bien que mal allí está y para colmo de bienes me encontré con un tipo maravilloso, la clase de hombre que cualquier mujer cuerda e inteligente quisiera tener a su lado. Tampoco lo presumo mucho, ¿eh?, no vaya a ser que terminen poniendome los cuernos, pero es un gran hombre el tipo. Es, en muchisímos sentidos, lo que siempre soñé. Pfff! Así que a pesar de todos los problemas (tooodos) no me ha ido taaaan mal. Aunque muchas veces esas cosas malas han opacado mis cosas buenas, ya estaría 2 metros bajo tierra si no estuvieran allí mis buenas cosas.
Porque después de haber siempre sido una huevona consentida salí al mundo pa descubrir a mis asquerosos 17 que la vida no era la cosa bella que yo creía sino un mundo también lleno de gente, si no mala, sí inmadura. Mi familia terminó derrumbandose y de allá para acá; de la niña de 17 a la mujer de hoy hay ya mucha diferencia.
Y... I'm back. Bueno, que ya estaba back desde hace unos meses, pero sin el tiempo pa ponerme a escribirlo. Lo de antes fueron nomás resquicios de las ganas infinitas que tenía yo de sentarme a escribir, triste, pero sobre todo sin computadora e internet donde hacerlo. Y vengo más sincera que nunca, porque antes andaba yo muy abstracta.
Hoy fue uno de esos días en que mirando a la Jessica Kinberly a mi lado me dieron ganas de vomitar. Literal. Me dí cuenta que mi dolor de cabeza no era nomás por mi ya sospechada sinusitis, sino más bien por estar sentada junto a la fea, pagada de si misma, lambizcona, zorra e incallable Jessica Kimberly (¿Quién se llama Jessica Kimberly pa empezar?). Dicho personaje viene de Tampico y tiene sólo 17 años. Quisiera aclarar que yo también tuve alguna vez 17 años, era inocente, buena, pero sobre todo tonta y dudo mucho que Jessica Kimberly haya ya descubierto a sus 17 años que tenía que irse de su casa porque su mamá engañaba a su papá con un cabrón bien naco y calientote, como me pasó a mi. Así que, aprendí por la mala a madurar, porque en los 3 años siguientes me dediqué a hacer lo que debí haber ya hecho en mis 20's y que hoy (en mis 20's) me da mucha hueva hacer y que dudo mucho que Jessica Kinberly haga o hará alguna vez. ¿Cómo empezar a describir a esta niña si son tantas de sus "cualidades" las que me molestan? Chingao, ¿Porque tengo que ser tan vibora? Pa empezar neta neta, es muy fea. Y no se molesta ni por arreglarse, trae una base de chinos de borrego que esos bien feos que parecen vello púbico. Trae forradita su libreta de sus artistas favoritos, entre ellos sus "novios" de RBD. Y su carpeta llena de las fotos con su novio (ahora si, el verdadero) en las maravillosas playas de Tampico. Jessica, quien prefiere la llamen Kimberly, presume a su mamá como la mujer más guapa del mundo. Participa en todas las clases y lo que la hace aun mas insoportable: monopoliza a los catadráticos. Es el especimen que no falta en ninguna clase. Es esa alumnita lambizcona siempre dispuesta a hacer el comentario correcto a favor del profesor en turno y quien siempre tiene una opinión para algo. Porque si mencionas las flatulencias, pues la vieja tiene una opinión, si hablas del planeta más nuevo, Jessica Kimberly tiene una opinión. Si acaso mencionas tus experiencias antreras ella no perderá oportunidad para opininar al respecto. Todas sus opiniones con un lenguaje que ella jura indescifrable, indescriptible y maravilloso y termina cantinfleando o lo que es peor, pronunciando mal sus rimbombantes palabras. Muere por pertenecer al grupo de las lindas y las fresas y del aspirante a cineasta que ella cree muy talentoso, aunque es en realidad un ser egoísta y que se jura muy creativo, incapaz de trabajar en equipo por la falta de apertura a su "libertad creativa" (el aspirante a cineasta). El caso es que Jessica Kimberly muere por participar a ese grupo de la gente bonita y utiliza sus ya mencionados dotes de lambizconeria. Pero estas chicas, lindas y tontitas, obvio no la bajan de naca y ni la fuman pero se la tienen que chutar porque su status de "chicas buena onda" les impide ser groseras cuando Jessica Kimberly se les cuela en las pláticas, en los equipos, en las idas al antro y hasta en los autos... Y para finalizar, lo que me dio una migraña terrible hoy, es el hecho de escuchar a Jessica Kimberly zorreando todo el tiempo. Feos, guapos o cosas sin forma, pero Jessica Kimberly aprovecha la lejanía del novio que la espera ansioso en Tampico y aprovecha para embarrarsele a cuanto incauto encuentra. Tal cosa ni me incumbe ni me molesta, pero soy yo y sólo yo, la muy imbécil que siempre llega tarde a clase y agarra el lugar a su lado. Soy yo, la que se tiene que chutar sus interminables y estúpidos monologos y lo que es peor, sus coqueteos, donde cuenta con lujo de detalle las experiencias que a sus 17 años la hacen una mujer ya muy vivida. Que hueva explicarlas. Pero así es Jessica Kimberly...
¡AH! me desahogué... Y más me voy a desahogar al publicar esto.
Así, que después de todo y del eclipse y de la reflexión barata y todo... Mi vida no es tan mala. Siempre tendré a Jessica Kimberly pa desahogarme (Grrr!) o por lo menos otros 4 añitos en lo que acabo la carrera pa soportarla y contradecirla y echarme unas discusiones así como las que me gustan con esa gente pendeja...
Besos!

4.10.07

CUENTO



Por principio, Lencha ocultó su ya visible embarazo de 5 meses. Hasta ése entonces fue cuando se percató de que estaba esperando, no fue sólo su ignorancia, ya que apenas sí sabía leer, también fue el hecho de creer que a su edad era muy poco probable estar embarazada. Tenía ya tres hijos grandes trabajando en Estados Unidos y volver a meter la pata... Y estaba doña Betty. Lencha sabía muy bien que sí la Señora se enteraba adiós trabajo y adiós todo. Entonces al ver que no llegaba lo que llega cada mes y la inminencia de un vientre que se hinchaba cada vez más, optó por usar sólo ropa holgada; cualquiera hubiera pensado que era una india muy deportista, usaba siempre los mismos tenis y pants. Unos pants color vino que contrastaban con su piel haciéndola ver aún más morena.
Doña Betty no sospecho nada. Lencha era india, pero nada tonta y sabía muy bien que la viejita estaba ya quedándose ciega. Doña Betty permaneció en el engaño, no así don Andrés, su esposo. Él supo muy bien lo que estaba pasando, pero prefirió no decir nada, desde muchos años antes si había algo que no soportaba eran las peroratas interminables de su esposa. Él aceptaba la vida tal y cómo era, la vivía con una mezcla de resignación y tristeza, sabiéndose sólo. La pareja nunca tuvo hijos, quizás porque habían estado muy ocupados viajando o haciendo dinero para preocuparse por ello. Nunca fue completamente feliz, a menudo pensaba que tal vez se había casado con la mujer incorrecta. Sólo se habían visto tres veces antes de casarse. Cómo Andrés ya tenía ganas de crearse un camino con una mujer al lado, no le importaba mucho el amor. Y Betty a su vez sabía que ésta era quizás la única manera de escapar de la orfandad en la que vivía. Andrés no tenía dinero y ella lo sabía muy bien, pero se veía un hombre trabajador y ella confiaba en que a la larga hiciera ese dinero. Fueron muy pobres al principio, pero era algo que a ninguno de los dos espantaba, porque ambos habían sido pobres toda la vida. Sin embargo, Betty no se equivocó: el hombre hizo mucho dinero y ella estaba a su lado para darse también parte del crédito porque, mientras él trabajaba arduamente ella fue un ama de casa perfecta. Así que, a medida que aumentaba el dinero, fueron apareciendo las casas creadas exactamente a su gusto, costaran lo que costarán. Fue allí cuando inicio su agrado hacia las joyas y la ropa fina, aprendió a manejar aun sin la aprobación de su marido pudiendo así conseguir un auto último modelo de aquellos años en el que viajaba con sus ahora amigas de la alta, incluso cambió de dientes, porque los que tenía cuando era humilde no iban bien con la ahora sofisticada mujer de alta sociedad. Todo lo que quería lo tenía, hasta la sonrisa perfecta. Su marido nunca fue capaz de negarle nada (aunque muchas veces repelaba), no por un profundo amor, sino más bien porque se resignaba a que su mujer terminara con el dinero que a él tanto trabajo le había costado tener, así evitaba sus latas e insistencias. Finalmente, pensaba él, también había logrado la meta que se había propuesto cuando se planteó casarse con esta mujer, era cierto que nunca imaginó sus alcances, pero como con todo, tenía la paciencia de soportarla y de resignarse, ya no había marcha atrás. Ya en la vejez dormían en camas separadas y don Andrés apenas si le dirigía la palabra. Él encontraba gran placer en caminar por la calle y saludar a todos los vecinos; o en sentarse viendo hacia la ventana donde cada tarde aparecía la misma lagartija a tenderse al sol, una lagartija tan libre que siempre fue blanco de su envidia; o en simplemente echarse en la hamaca que colgaba de un par de árboles en el patio de su casa…Vivían en una casa enorme de dos pisos, con un hermoso jardín, cinco cuartos para las visitas que ya nunca los visitarían, una acogedora terraza que daba al jardín y una espaciosa cocina mandada a hacer especialmente para doña Betty quien siempre fue una excelente cocinera.
Así que cuando don Andrés se dio cuenta que Lencha estaba esperando supuso que su esposa la despediría, pero en la forma del deleite de una pequeña venganza, se quedó callado, porque sabía que cuando su esposa se diera cuenta pondría el grito en el cielo, le gritaría a la pobre mujer y eso a la vez significaría distraer un poco la atención que ponía, a veces en exceso, sobre su persona. Y en secreto disfrutaría el coraje de su mujer, coraje que él mismo había experimentado cuando siempre con la mentalidad de ahorrar ella le pedía para ir a Europa o para un anillo o para un regalo dirigido a alguien que él poco recordaba o para una fiesta o para una prenda fina o para preparar la alacena en caso de guerra nuclear… El mismo coraje de cuando era imposible negarle algo a esta mujer tan necia y latosa. Guardó el secreto como si fuera propio, en una complicidad de la que ni siquiera la embarazada Lencha tenía idea.
Doña Betty descubrió el engaño de la peor manera. Precisamente el día que nació Lucía. No es que fuera imposible darse cuenta, el mismo don Andrés hasta llegó a pensar que en la guerra por no darle el gusto, ella ya se había percatado y nomás fingía demencia. Vio crecer a Lencha cual vaca a punto de parir. Veía a su mujer dando las mismas ordenes de siempre, sin ningún cuidado a la pobre mujer preñada. La misma Lencha creyó que se trataba de una venganza, que la Señora nomás estaba esperando que la verdad fuera escupida de su boca en medio de una sus obligadas y arduas limpiezas semanales de los enormes vitrales de la sala. Pero ni Lencha ni don Andrés estaban dispuestos a soltar prenda o a darle gusto y ambos (sin que el otro supiera) conspiraban en contra de la pobre vieja, que estaba inmersa en su cocina, la ropa y las telenovelas, porque desde que llego la diabetes y cada una de sus amigas de la alta había muerto , en realidad no tenía ni tiempo ni las ganas de estarse fijando en sí a la sirvienta le crecía la barriga o no; y cómo siempre supo cómo y qué sacarle a su marido, tampoco le importaba mucho lo que éste hiciese o pensase. Ni se dio cuenta del embarazo y mucho menos que su marido y su sirvienta pasaron casi 4 meses odiándola en secreto.
Lucía llegó en el mes de mayo, cuando en el pueblo hacía mas calor que nunca, y para el colmo de Lencha fue precisamente limpiando los vitrales de la sala, con una verdad que fue escupida tal y como lo había imaginado, pero no de su boca sino de en medio de sus piernas. Lencha gritó como si la estuvieran matando, así que sorda y todo, Doña Betty la escuchó en el punto más recóndito de su amada cocina y corrió, más que por la preocupación de que algo le hubiera pasado porque no deseaba quedarse sin chacha y menos en la escasez de los últimos tiempos. Las chachas están en peligro de extinción, pensó. Don Andrés, por su parte ni se inmutó, por el contrario, supo que el día de su venganza por fin había llegado, sonrió para sí mismo mientras veía a su mujer corriendo rumbo al jardín. Lencha, sin embargo, sufrió solo 2 minutos, quizás porque ya había sufrido por meses las órdenes amenazadoras de su patrona, quizás porque Lucía ya ansiaba ver el mundo… Al principio los cables en el cerebro de doña Betty no conectaban, pero al ver a la otra tirada en esa posición y viendo a detalle la inmensa panza, lo supo todo. Supo que las únicas dos personas en la casa le habían ocultado muy bien el secreto. Supo entonces también, que en ese momento ella y nadie más traería al mundo a la criatura. Gritando en el mismo tono en que mandaba a Lencha por los ajos y la carne (i-n-m-e-d-i-a-t-a-m-e-n-t-e), le gritó que pujase y así lo hizo ella, porque en su carácter de india le era imposible llevarle la contraria a su patrona. Inmediatamente después doña Betty recibió en sus brazos al frijolito sin pelo que era Lucía ese primer día, con toda la naturalidad cortó el cordón umbilical y abrazó a la niña como si fuera el primer bebé que veía en su vida y le dijo a Lencha “Te aviso de una vez que cómo te tenías muy guardadito tu secreto, me toca ponerle el nombre a esta niña, ¿Te acuerdas que te conté que siempre quise una niña para ponerle Lucía como mi madre? Bueno, pues esta niña se va a llamar Lucía y yo voy a ser su madrina”. En medio de los quejidos Lencha no pudo oponerse (como tantas veces antes), la Señora le permitió echar una ojeada a su hija y la dejó allí, tendida en el pasto mientras el doctor llegaba, en tanto doña Betty limpiaba y vestía a la niña con la ropa de los hijos que nunca nacieron, ropa que comprara muchos años antes en un viaje por Europa, cuando pensó que ya era hora de encargar (no así su cuerpo, por quien los años ya habían pasado inevitablemente). Al momento de vestirla doña Betty no se dio cuenta, o quizás no quiso hacerlo, pero algo dentro de su corazón había cambiado. Hablaba con Lucía, sabiendo que ésta la escuchaba. Se quejaba de su madre y de su marido; “Par de desconsiderados, mira que andarte escondiendo de esa manera, como si tu fueras algo de que apenarse, pero no mi reina, tu no te preocupes, que de ahora en adelante tu y yo le vamos a enseñar a tu madre que contigo no se juega, y de mi cuenta corre, mija, que no salgas igual de bruta que tu madre y tu vas a comer decentemente, porque tu madre es una desnutrida, mira que traer al mundo a una nena tan linda como tu y tan flaca con la cantidad de comida que yo personalmente preparo en esta casa, sí siempre he sido el ama de casa perfecta, o dime tu, cuando a ese hombre le ha faltado algo rico en la mesa o una camisa planchada o una sola mancha de mugre… y así me pagan ese par de mustios…” Y sí, algo había cambiado, porque por fin había nacido el ser que la escuchase sin decirle nada.
Algo sucedió dentro de ella. Nunca vio a la niña como el monstruito que fue al nacer, al contrario, la vio simplemente como el bebé que era. No se puso a pensarlo tampoco, de hecho, ella creyó al paso de los meses que seguía siendo la misma patrona mandona de siempre. No exigía menos de Lencha, al contrario, parecía que se desquitaba al pedir las cosas aún más perfectas que antes. Don Andrés, por su parte, se dio cuenta que intentar vengarse de esa mujer sería imposible y como todas las cosas constantes de su vida, lo aceptó resignada y sabiamente, además, se daba cuenta que su esposa estaba menos pendiente de él que nunca; ya no criticaba su forma de vestir e incluso podía darse el lujo de vestir jeans y tenis, cosa que su esposa le tenía prohibido. Lo único que ahora preocupaba a la señora era la niña. Don Andrés no sabía si agradecerlo o sentir pequeños celos. Al principio, optó por alegrarse, pero pasaban los meses y doña Betty seguía siendo la misma ama de casa perfecta, pero ahora parecía haberse olvidado hasta de ella misma, la ropa que compraba ya no era para ella, sino para Lucía. Ya no lo presionaba a él para comer las verduras, sino a la niña. Las mejores piezas de carne eran reservadas especialmente para Lucía, porque era una niña en crecimiento, mientras que él era un viejo en encogimiento, decía su mujer. Empezaba a encelarse cuando se percató de que Lucía podía darse a querer y que su esposa inevitablemente ya la quería. Se dio cuenta el día que le dio un tremendo dolor de estomago. Lucía tenía ya más de un año y lo llamaba “ñor”. Lucía fue la más preocupada ese día y fue quien permaneció a su lado mientras yacía convaleciente. Don Andrés hizo ese día lo que no hacía nunca, ya sea por su carácter o porque era su esposa quien se encargaba siempre de hablar. Ese día platicó con Lucía. No supo nunca que era lo que la niña le contestaba, pero algo en sus ojos le dijo que lo escuchaba con toda la atención y que lo entendía perfectamente.
A partir de ese momento Lucía repartía sus días entre su mamá y sus adoptados abuelos. Despertaba al lado de su mami, la besaba, la abrazaba, se dejaba vestir y peinar (porque para doña Betty tenía que ser una niña muy linda), después “ayudaba” a la viejita en la enorme cocina, sobre todo amaba los días de batir huevo, porque era ella quien lo hacía y al final tenía el gusto de comerse lo que a sus ojos se veía como una espuma sabrosa de huevo. Aprendió gracias a su infancia en la cocina a alegrarse con ciertos olores y a comer verduras en todas las variedades posibles. Después ayudaba a su mamá con lo que necesitara y finalmente pasaba la tarde entre las telenovelas de “la tía” (así le llamaba a doña Betty) y la ventana de “ñor”, donde conoció a la lagartija que todos los días los visitaba.
Lencha supo entonces que tantos años sin niños en esa casa y ella tan bruta habían dado como resultado que trataran a su hija como un adulto y además le enorgullecía mucho darse cuenta que gracias a eso y a todos sus cuidados, su hija se estaba haciendo una niña perfectamente independiente y muy inteligente. Jamás se quejó de las exigencias de su patrona, porque todo se lo perdonaba debido al gran amor que ésta sentía por su hija.
El día que Lucía entró al Kinder fue cuando la realidad golpeó a doña Betty con toda su fuerza. No se había dado cuenta o no había querido darse cuenta de cuánto le importaba esta niña, porque a pesar de todo el amor que le dispensaba a solas, en público siempre trató de imponer mano dura en la niña para que ésta nunca se descarrilara. Tal y como habría criado a los hijos que nunca tuvo. No se percató, sin embargo, de que tanto don Andrés como Lencha sabían de qué manera amaba a la niña y que frente a ellos intentaba disimularlo, porque aún había dentro de ella el tonto prejuicio de que Lucía era la hija de la sirvienta. Ambos prefirieron no decirle nada, temerosos a desatar su furia o a darle a entender que ya sabían el secreto que guardaba su corazón. Esperaron pacientemente, como toda la vida habían hecho con ella.
Así que el día que Lucía entro al Kinder fue todo un suceso, estaban Don Andrés y doña Betty parados en la enorme puerta de madera de la entrada, esperando a una Lucía ya enfundada en su uniforme amarillo lista para irse. Se leía en sus ojos que estaba listísima y ansiosa por ya ir a la escuela. El “Ñor” le habló mucho del kinder y ya no tenía miedo, y, gracias a esas pláticas don Andrés estaba también listo para verla irse. Pero doña Betty no. Al verla tan linda no pudo menos que alegrarse del tono moreno de su piel que la hacían ver llena de luz con el amarillo del uniforme, admiró su boquita llena de felicidad y sus ojos sonrientes y no le importó en lo absoluto de quién fuera hija, porque en ese momento cayó en cuenta que Lencha era igual a ella y que las circunstancias de la vida las habían llevado a sentirse diferentes, pero que había algo que biológicamente no podía ser de ella y que Lencha le había regalado sin dudas ni reproches. Le había permitido amar a su hija en la manera en la que la amaba y darle todo lo que estaba en sus manos. Quiso a Lencha parada en la puerta y quiso a su marido por querer a Lucía. Y amo aún más a Lucía porque surgió la revelación en su vida; tenía la familia que nunca quiso tener, pero a sus 70 años tenía una familia y existía algo que la hiciera levantarse en las mañanas, alguien que la unía con su marido y con Lencha. Lloró y abrazo a la niña en la puerta de la calle, sin importar quien la viera. Lucía la tomó de la cara en ese momento y le dijo en un tono de voz tierno y preocupado: “No te preocupes tía, me voy solo unas horas, pero aquí voy a regresar siempre”. La misma escena se repetiría todas las mañanas, durante algunos años más.

16.10.06

Memoire

A veces quisiera apuntar todo lo que pienso. Quizás a veces tengo ideas geniales y asuntos pendientes que quedan flotando en le medio de mis neuronas. Tal vez mis dedos no sean tan rápidos como los neurotransmisores en mi cerebro.
A veces quisiera poner en papel todos mis recuerdos, ésos que me hacen sonreír y más aún aquellos que hoy sé me hacen ser y que fueron un parteaguas en mi vida. (La Vie en Rose).
Sí así fuera, los plasmaría todos en cuatro paredes repletas de palabras (¡Benditas palabras!), me temo que no tendría el tiempo para leerlas todas, para recordarlas todas…
Amo el regocijo de recordar los buenos tiempos en familia, amo el regocijo de la felicidad pasada despertado gracias a un olor, una frase, una imagen, una llamada…
Quisiera anotar todo lo que sucede en mis días, utopía por marcar lo que en un futuro consideraré intrascendente.
¿Qué sería de mí sin el regocijo de recordar? ¿Qué sería de mí si en el reencuentro no añoráramos tiempos del pasado, tiempos mejores? Imagino sacarme el chip y enseñarle al mundo entero quién soy y porqué soy así; y quizás yo misma entendería muchas cosas que permanecen escondidas y bloqueadas dentro del fondo de la gaveta.
Y supongo que en estos días me toca comprender que tampoco se puede vivir recordando, ni lo bueno, ni lo malo (Porque también lo malo, aquello que Freud explico mejor que cualquiera, significa también YO, aquello que temo y que duele, aquellos recuerdos con que la vida me equipó, a manera de mecanismo de defensa)… Son tantas las cosas que recordar, que el tiempo no alcanza, simplemente forman parte de uno, te hacen ser.
Vivir recordando simplemente forman parte de mi realización completa, los destellos de felicidad o de fuerza que a veces necesito para continuar el viaje.
Recargo el combustible y recuerdo cuán fácil solía ser esto, tampoco me aflijo porque sigo interesada en vivir un presente divertido, vertiginoso, feliz, en momentos nostálgico, y quizás difícil y doloroso; presente que será un momento después mi pasado y que hoy me emociona en pensar en recordar.

20.9.06

Sin vocación. La niña escondida que tiene un secreto.


Qué mal me siento de estar aquí sentada, sin saber porqué o para qué. Sin ganas, llenando un lugar que me siento obligada a llenar. Por mi tiempo, que ha pesar de todo siempre he sido incapaz de valorar, por el miedo a sentirme avergonzada y ¿ante quién? Por mis ganas de seguir compitiendo, de demostrar que soy la mejor, a pesar de que hasta el momento lo he hecho todo mediocremente.
¿Y si estoy haciendo esto por pura inercia? ¿Y si no soy feliz al final del día? ¿Y si pierdo dos años de mi vida? ¿Y si simplemente no estoy hecha para estudiar carrera alguna? ¿Y si defraudo a los que están aún más entusiasmados que yo en lo que puede ser mi futuro? ¿Y si no logro lo que sueño lograr?
Ay… No sé que voy a hacer. No sé si estoy viviendo la vida que quisiera vivir. Tengo tanto miedo de lo que pueda decidir… Tengo miedo de terminar haciendo aquello que siempre condené con mis palabras.
Siento ansiedad en mis dedos, en mi respirar, mi cabeza está confundida como nunca antes. Mi cuerpo trabaja a marchas forzadas. He vivido dos meses de inercia, de un constante estado de depresión. Sin tomar acción por mano propia. Siento que me falta el aire, que me cuesta trabajo despertar por las mañanas, que a veces, de la nada, quisiera tirarme a llorar, una palabra puede mover mi cerebro hasta dejarlo agotando, mermando mi autoestima.
Me siento enferma, necesito cafeína para funcionar, para activarme, para sonreír. Esto y todos los defectos que solía pasar por alto me hacen sentir mentalmente enferma. Loca. ¿Será posible cambiar? Quiero ser mejor.
Veo el pasillo de la Licenciatura, percibo el bullicio de los estudiantes, sonriendo, platicando… Y tengo ganas de vomitar.
¿Acaso no debería estar prestando atención al catedrático? Y en vez de eso estoy escribiendo, y ni siquiera me soy honesta al hacerlo, quiero vomitar mis entrañas para despejar la bruma en mi cabeza.
Me siento tan metida en esto, que me avergüenza confesar ante mi y ante todos, lo que en verdad sueño y lo que en verdad quiero ser. Quizás sea porque no veo cómo lograrlo o si seré capaz de hacerlo… Me senté en la comodidad de mi existencia y hoy que ya no es tan cómodo han aparecido mis dudas , pero aquí sigo, en la poca comodidad que me queda, en mi cobardía para salir al mundo.
Deseo tanto, con todas mis fuerzas, con todo mi corazón tirarme el clavado. ¿Serán mis sueños demasiado nimios o demasiado ambiciosos?
A nadie se lo he confesado y acepté mi situación para escapar de un problema que no fui lo suficientemente valiente para enfrentar…
Estoy muriendo por vivir una vida que no estoy viviendo.
Podría lograr terminar esto, peor entonces lo pienso y lo imagino y me entusiasma mil veces más que esto que estoy haciendo ahora.
Necesito desahogarme con alguien, ser vulnerable, pequeña, real, débil Necesito un abrazo sin prejuicios, sin regaños, sin críticas… Necesito unos oídos, un corazón y unos brazos ajenos. Quisiera desmoronarme.
Sin embargo aquí sigo, haciéndome la fuerte. Y ya ves que no lo soy, en lo absoluto…
Y aquí sigo, viviendo una vida que no es la mía.

12.9.06

Ajua Vaquera


Juro que yo no quería, fui obligada y hoy solo lo veo como un enemigo... Que tonta al creer que alguna vez me acompaño y me apoyo. Negarlo es lo mismo que no aceptarlo? Entonces, soy alcoholica y hoy ya bebo muy moderadamente, pero este día, lo unico bueno que obtuve, fue esta foto... Afortunadamente mi visión en el espejo me hizo darme cuenta de lo mal que me veía así, alcoholizada. Los malestares fisicos me hicieron prometer que sería la ultima vez, pero la verdad es que lo comprendí solo hasta la cruda moral, que gracias a Dios hizo acto de presencia la día siguiente. Soy mejor persona sin alcohol en mi sangre. Emborrachandome solo soy feliz momentaneamente... Y yo busco una felicidad de por vida, auque hoy me cueste tanto encontrarla...
Allí estamos Eva y yo, todavía sobrias...

20.7.06

Ensayo Libre

Si cada día se viviera algo distinto,
algo diferente, algo inimaginable,
si no vivieramos sobre un espejo rutinario,
sobre un cristal que se refleja de la sombra de otro,
si las plantas nacieran al revés,
si las raices miraran al cielo...
Y si pasaramos entre las nubes,
y alcanzáramos las estrellas,
si tocaramos el viento;
y si viéramos un suspiro.
Si el andar en la oscuridad fuese la luz,
y si en vez de morir soñáramos...
Si el mar se escondiera bajo la arena,
y pudieramos tocar al amor,
describir un color:
Creo que entonces podríamos volar...
Y si volaramos,
sé que pensaríamos como sería caminar...

11.7.06

Imagining Ourselves

Por eso en realidad nunca me han gustado los libros que hacen los hombres, me gustan más los de las mujeres... De hombres solo esos que son demasiado románticos e imaginativos. Sería como negar mi condición de mujer y eso es algo que no me permito a mi misma. Estoy más que orgullosa de ser lo que soy. Por eso nunca entendí a Poe y odio leer a Marx y sus brillantes teorías... Me aburren. Amo a García Márquez, a Isabel allende, a Angeles Mastretta, porque me hicieron soñar hasta arrancarme las lágrimas. Por eso leo la Cosmo y puedo leer también la Men’s Health, ninguna se esfuerza en distinguirme como mujer, sino que ambas celebran mi condición de Ser Humano y el ideal de buscar el mejor sexo sin dirigirse impertinentemente a discriminar la promiscuidad masculina o femenina porque ya existe gente que sabe que es parte de nuestra naturaleza.
Aunque a veces sigo sin entender porque hacer tanta tonta distinción. Que si por nacionalidades, que si por edades, que si por cultura, que si por educación, que si por estatus social, que si por la carrera que estudiamos, que si por ideología, que si por el equipo al que le vas o el deporte que practicas, por el idioma que hablamos, por el dinero que tenemos, por nuestras preferencias sexuales, que si por sexo... Supongo que es una particular manera de declararnos únicos e irrepetibles. Así es que soy mujer, tengo 19, soy mexicana, estudio porque mi curiosidad es infinita y me siento orgullosa de todo lo que soy, y lo defiendo, pero he dejado de distinguirlo, para empezar a celebrar y a aprender de tanta diversidad, porque finalmente somos todos seres humanos, pero nos batallamos tanto por nuestra particularidad que olvidamos nuestra unidad.
¿Machismo y feminismo? Nunca me he esforzado siquiera por entenderlos, vivo con la firme idea de que cualquier extremo es malo. Y esos son extremos. Pero vamos chicas! Hemos sido nosotras las que lo hemos permitido tanto tiempo, nosotras hemos sembrado tales semillitas. Para mi esas dos cosas son casi lo mismo. Qué si una es puta, que si la otra es una sumisa, que si aquella viste mal y la otra terrible, que si ésa es fea y la otra horrible... En general lucho por deshacerme de los odios que solo me quitan el tiempo y cuando veo las estadísticas de cuanto es el tiempo que vivimos despiertos, me entero de que es poquísimo y me doy cuenta que no puedo pasar tanto tiempo odiando o criticando gente. Así que en mi condición irrefutable de mujer también me he dado cuenta de las envidias que nosotras mismas nos hemos prodigado y que han sido los especiales causantes de muchos siglos de desigualdades.
En mi búsqueda espiritual sé que uno siempre obtiene lo que quiere, que merece lo que ha querido. Pienso que la regla es aplicable no solo a mi como individuo, sino también a las sociedades. Tenemos a los gobernantes que merecemos tener. Y así, como mujeres, tenemos lo que hemos merecido tener.
La pena con la que nuestras abuelas y bisabuelas crecieron fueron las causantes de una vida estancada y desigual. Así fueron educadas por sus madres y sus abuelas respectivamente. Y entonces existió una generación de mujeres que educaron a sus hijos de otra manera y de repente ya no era tanta la pena para sacar las ideas que revoloteaban en sus mentes. Bum! Maravilla darse cuenta que muchos de esas ideas guardadas en sus cabezas coincidían. Seguro antes ya había habido alguna valiente que hablara, pero no fue escuchada, muchas otras mujeres educadas de manera diferente no coincidían y aquellas que se dieron cuenta de que no estaban solas prefirieron callar. Everything happens for a reason.
Yo no tuve que luchar como muchas otras antes que yo, para mí las cosas se dieron de manera más tangible. Sin embargo los hay quienes aun viven proveyendo desigualdades y quienes son victimas de ellas. Me he dejado de preocupar por tratar de cambiar de opinión a las mentes cerradas, aceptando tan lamentable condición y preguntándome la razón de su no aceptación hacia la mía. Pero con la única certeza que tal conocimiento llegara a ellos(as) algún día, porque somos muchos y muchas los que sabemos que aquí todos tenemos madre, o hermana, o hija. Hoy solo me preocupo por aquellas que han crecido solo con el conocimiento de ser las menos, las sumisas, las golpeadas, las sin derechos; pero con la duda hinchandose en sus cabezas, preguntándose porque una vagina las disminuye.
No me deprimo, ni me desaliento, no cuestiono mi poder, vivo con ferocidad, luchando ya no por mí, sino por las demás. A veces, he de aceptar, entra en mi cabeza alguna idea con la que mi abuela hubiera podido corregirme como “lo mal que me veo siendo mujer”, resulta inevitable, y al instante yo misma me corrijo. Quiero criar hijos capaces ver como un igual a las mujeres que los rodeen conscientes de sus fortalezas y sus debilidades, intentando crear con aquellas una unión que compense sus propios defectos. Quiero criar hijas sabedoras de sus grandes virtudes y fortalezas para ayudar a los hombres en aquello en lo que son menos capaces que una.. No hay algo malo o algo bueno tan solo por tu condición de mujer o de hombre, o si eres mexicano, o si hablas inglés, o si terminaste la secundaria, o si eres rico, o si eres gay, o si le vas al América. Existen solo los grados de nuestro error de a cuerdo a lo que desconocemos, pero que no nos eximen de los hechos. Porque lo malo es malo y lo bueno es bueno y punto, no hay más. Y los hechos son los hechos. Es un hecho que soy ser humano y es un hecho que soy mujer. Los limites no existen.
¿Lo ves allí? Se llama futuro, Mujer, y esta considerablemente abierto para nosotras, nosotras abrimos la puerta que antes nos cerramos. Podemos vivir sin saber el porque de la puerta cerrada, pero debemos preguntarnos para que cerrarla. Vivimos situaciones muy similares o quizás muy diferentes, pero ya no se trata sólo de compartirlas, sino de abrir la puerta, cada una a su manera.
Mis amigos de la universidad se rieron de mi, cuando en mi complejo de carcelera puse un mensaje con marcador permanente en cada espejo de la casa que comparto con otras 3 amigas “Eres hermosa, inteligente, y linda, hoy es tu día”. Francamente las burlas no me importaron porque cada vez que me miro en los espejos de mi casa leo el mismo positivo mensaje. Supongo que esa es una pequeña parte en mi manera de abrir mi puerta, otra es escribir esto. Cada una a su manera.




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4.7.06

Juro por Dios que no es el SPM (not that time of the month)

Lloro tirada en el suelo del baño. Tuve ganas de hablar con alguien pero la verdad es que no tengo idea de con quien podría hablar. No me siento sola, es solo que… Tal vez no sabría que decir porque me engaño aun a mi misma todo el tiempo.
Tengo miedo. De vivir, de escribir, de arriesgar, de sufrir, de llorar, de sentir, de ser… Y ya no quiero tener miedo.
Por un momento escribo pensando que será ésa persona quien lo leerá. Ése sin saber que deseo que me lea.
Recuerdo cuando soñé dos noches consecutivas con el antiguo él. Me sentí orgullosa de haberle rechazado un beso, aunque fuera en mis sueños. Desperté feliz porque eso me significó un paso ya superado (en mi subconsciente me supongo yo).
Y ahora, ahora pienso en alguien más que probablemente ni siquiera me recuerda…
¿Acaso no merezco algo mejor? ¿Por qué encontrarte cada vez que deseaba con todo mi corazón hacerlo? ¿Por qué todos los pequeños detalles? Y hoy, aunque lo deseé con todas mis fuerzas nada pasa; no te veo, no te sueño, no te tengo. Antes y ahora, cuando lo invisible podía volverse tangible, cuando de verdad lo acaricié y lo acaricio, corro y corrí; tan rápido y tan lejos como se pudiera. Porque tengo miedo. Tengo miedo de enamorarme y sufrir. Tengo miedo porque sé que podría enamorarme de ti. Vivir con esa certeza se ha vuelto una carga.
No es solo miedo a lo maravilloso que pudiera sucederme. Es miedo a todo. Aun a lo que sé que no me haría feliz, aun a lo que no me emocionaría, pero que desconozco totalmente. Mis conjeturas me colman.
Sólo vivo lo que se me da sin luchar por ello, falta de aspiraciones, infeliz, conforme.
Ya no quiero y ya no puedo.
Pero no hallo la forma.
¿Por qué solo pienso y no actúo? ¿Por qué sacudo a los demás para reaccionar y no lo hago yo misma? ¿Por qué disfruto tanto sacar a la gente de su sopor y no busco (¿encuentro?) esa satisfacción para mi misma?
¿Por qué siento TODO el tiempo que algo me falta?
A veces se siente como algo tan pequeño y hay momentos como éste en que el agujero en mi alma, mi mente y mi cuerpo es tan inmenso que me abruma hasta el punto en que siento que me ahoga, me absorbe. Y no puedo respirar.
Tal vez los porqués no son necesarios, pero soy aún incapaz de conocer las respuestas a mis para qué.
No sé que pasa. La opresión en mi pecho se hace cada vez más fuerte.

21.6.06

A Ana L:

Carta a Ana L.:
Qué raro es saber de ti así. Después de toda una vida juntas... Sigo extrañando las cosas que en el pasado me hicieran tan feliz y que hoy son simplemente imposibles.
Voy caminando, inventándome la gente y los momentos que me hacen feliz, a sabiendas de que algún día mi camino y el de mis inventos que parecen tan posibles pero que ahora son tan irreales se separarán y en un momento estaré sentada, apartada del bullicio de la fiesta, viendo el celular y pensando en todo lo que ha pasado, lo que gané y nostalgicamente, en lo que perdí... ¿Habré acaso ganado más de lo que perdí?
Sigues allí, ¿no? Y tal vez no sea suficiente...
Lloré con lo reciente de nuestros caminos duramente separados, y en un larguisímo y doloroso proceso me perdoné por lastimarme tanto cuando no soy quien para solucionarte. He ido recogiendo pedazo por pedazo las partes de mi corazón que estupidamente rompí. He lidiado con mi dolor a mi manera y he dejado que los que han sufrido a mi lado y tanto o más que yo lidien con el suyo. Y ya no lloro. Hasta hoy. Sin necesidad de inundarme de sal los ojos, te lloro. Porque lloré en silencio tanto tiempo. Tal vez sea que te he perdonando y sin embargo, todavía no puedo estar contigo.
Todo lo malo todavía no se va, todavía los buenos recuerdos no opacan a aquello que me hace desconocerte y temerte; porque ya no quiero que me sigas lastimando. Conozco lo improbable de ello. Siendo quien eres en mi vida. Imposible. Tan imposible como evitar la muerte.
Mientras más lo pienso, más me sorprendo. El amor que te tengo es el más impresionante que existe. El más puro, el más real, el que más perdona, el que más renace de las cenizas, el que más protege, el que más se necesita... Tan pequeñito en su principio, en una celulita, viviendo con la incertidumbre de su primerisímo origen, porque ni mi razonamiento ni mis recuerdos son suficientes o capaces de explicarlo; en mi primer recuerdo ya te amaba con mi corazón, mi mente y mi alma, sin saber el porqué, porque son demasiados los porqués... No hay suficiente vida para numerarlos. Es inextinguible.
Estaré pacientemente extrañando los momentos que inventamos juntas; hasta recoger el pedazo de mi corazón que un día arranqué por decepción.
Y está noche, alejada de mis amigos y la felicidad que con ellos he creado en los últimos tiempos, alejada de la música, el baile y los brindis, pero leyendote y sintiendome cerca de ti... Esta noche me quedaré con el recuerdo de una niña muy pequeña que veía el televisor, a la que le hablaste una tarde, y que acudió a ti para encontrarte metida en la cama leyendo un libro chiquitito; le pediste que se acercara y, siendo tu tan fría como siempre fuiste, le diste un beso en la mejilla y dijiste simplemente "Te quiero mucho". La niña quedó confusa. y te preguntó el porqué de tan extraño gesto. Tu solamente la miraste con una cara tan apacible y sabia, sin contestar... Pero la niña no necesito que contestaras ya nada, no imaginó ni pensó ni supo nada. Simplemente fue feliz.
Es increíble los momentos mágicos y felices que cada uno guarda en la eternidad de su mente, tan diferentes uno del otro, pero que se guardan en la memoria para la posteridad, esos momentos que abren una brecha en tu corazón, que nunca olvidarás, que prenden una luz en el alma, que te hacen seguir viviendo y a los que nos remontamos en los segundos decisivos de nuestras vidas... Aunque el titular de nuestro recuerdo no lo sepa jamás...
Guardaré ese beso en mi mejilla, donde aun lo siento tibio, por siempre.

8.6.06

Los limones de Debajo del Arbol

Sentada en mi clase de Derecho Romano me acordé de ti regando tus plantas. Vino a mí la imagen de ti con tu sombrero de paja, acariciando al perro pastor alemán que siempre consideré psicópata y que sin embargo tu siempre supiste calmar; con la manguera verde en la otra mano, bastón al lado, usando tu outfit guayabera-pantalón-caqui que mi mamá y mi abuela solían decir que te hacían ver enclenque, sentado sobre una piedra a la sombra de un árbol. Una de las últimas veces que te vi estabas exactamente así, creo que fue junto al árbol de los membrillos… Me pusiste a recoger limones. Dura tarea. Siempre odie recoger los limones de la tierra, ya sea por el sofocante calor o por el esfuerzo de agazaparme debajo del árbol intentando no atorarme el pelo en cualquiera de las molestas ramitas que me impedían el paso hasta el limón más alejado a mi mano y tu ordenándome con tu gruesa voz y a disgusto mío- encontrar hasta el ultimo limón tirado sobre la tierra… No me pedías cortarlos del árbol, no señor, tenían que ser los más maduros y quizás los menos bonitos. Siempre quise cortarlos del árbol y siempre terminé tirada en el suelo: ¿Acaso alguna vez pude desafiarte? Puedo recordar muy bien el satisfactorio sentimiento (desde que tengo memoria) de cargar con cualquiera de los frutos de tu esmerado jardín sobre la falda de mi vestido. Eso siempre fue lo mejor de recoger los frutos del debajo del árbol. Los nísperos, las mandarinitos, las ciruelas, las granadas, las horribles naranjas agrias (que siempre tuvimos la esperanza de cosechar dulces) y mis favoritas; tus limas. Hasta el día que me muera no probaré cítricos tan sublimes como los de la Quinta TETÉpanguito. Qué genial. Que tu eterno amor por una mujer y tu amor por un lugar se resuman en una sola palabra. Ése día conociste a mi amiga y me sentí la más orgullosa de decir que eras mío. Comimos, reímos, hablamos. Lindo día fue ese. Sin planearlo. Sin buscarlo. Simplemente encontrándolo y tomándolo con ambas manos para nunca dejarlo ir… Como si fuera único, último, mágico… y en días como hoy escribir sobre ello. Y es que, después de todo, y aún en mi clase de romano, no sólo me acordé de ti, sino que te extrañé con una nostalgia impertinente. No son sólo los limones debajo del árbol… Es tu carcajada sarcástica, son tus dientes viejitos y amarillentos; tu inminente, poco y aún precioso cabello blanco; tus frágiles piernas apoyadas sobre el bastón que siempre vi como las piernas más fuertes del mundo; tu manera de hablar conmigo, que desde los 5 años me hacía sentir como un adulto; tu otrora desesperante pero exquisita manera de hacerme las cosquillas con el “Serrín, aserrán, los maderos de San Juan” mecida sobre tu regazo; tu jardín repleto de arboles, con los caminitos para las bicicletas, y la alberca que nunca hemos usado y las fallidas jaulas de los conejos y la calma con el sonido ocasional de los pájaros, y las banquitas esparcidas a lo largo de todo el terreno y la cancha del basketball, y los columpios y la resbaladilla y la bajada de piedra que me hizo la cicatriz en la rodilla y el verdísimo pasto, los pirules con los grandes columpios y el pino grande que mi abuela solía disfrazar de árbol de navidad en diciembre y ambas mesas de adobe, tan distantes la una de la otra, donde hacíamos las carnes asadas entre risas y gritos, y el jardín interior donde planté los frijolillos rojos que siempre creí hicieron brotar al pasto, y tu estudio escondido con ventana de barco; es el Huele de Noche que perfumaba sutilmente las habitaciones mientras tu contabas uno de esos cuentos inventados al instante (Minute-made); es la maravillosa experiencia de escuchar cualquiera de tus anécdotas; es tu incomparable derroche de inteligencia; es tu inmenso y loco amor hacia una sola mujer ; fueron tus ojos verdes que siempre envidié… Y ya ves que no son solo los limones de debajo del árbol. Y los ojos se me llenan de agua salada al darme cuenta: siempre lo dije, siempre lo supe, siempre lo aprecié y hoy parece existir sólo en el aire… Que no te conozco tanto como quisiera conocerte, porque una de las experiencias inagotables en mi vida siempre fue esa: conocerte todos los días y en todos los sentidos. Y de repente mi vida cambió y lamento no tenerte a mi lado, aunque solo sea para verte las pecas de la cara. De repente tu imagen es tan nítida en mi cabeza. Y así, como esa frase “de repente”, la vida cambia, tu recuerdo aparece y la vida puede terminarse. Tiempo relativo, tiempo inexistente, tiempo que se agota y finalmente, tiempo sin ti, consecuencia de nuestras circunstancias. Tiempo que quisiera aprovechar, pero que me siento incapaz de crear. Lo único que sé con certeza es que es tiempo que quiero dejar de extrañar. Quiero volver a recoger los limones de debajo del árbol para poder cargarlos sobre la falda de mi vestido.