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24.11.10

Va siendo tiempo...

El sábado pasó algo que me afectó muchísimo. Quisiera dejar de sentir estas cosas que siento, pero no puedo. Llevo días aislada y tratando de meditar o de hacer las cosas que alguna vez me han funcionado. Esta vez they don't seem to work.
   Apliqué examen final el sábado. Ya traigo el maldito SPM. Y me desesperé cómo nunca y como siempre (cuando me da el fuckin' SPM) menté madres  y andaba de malas. Saliendo del trabajo me fui a casa de Ney y hablamos de cosas pendejas y nos reímos un rato. De ahí decidí caminar. Maldita la hora, porque yo sabía que existía la posibilidad de encontrarme con mi ex o alguien de su familia, situación que he evitado por meses. Ya sabes lo que dicen "pueblo chico, infierno grande".
   No entiendo, la verdad, el porqué de mi miedo a encontrarme con ellos. Yo no les hice nada. Al principio ellos tampoco a mi... Pero al final las cosas fueron horribles.
   Entonces iba yo caminando por la calle a casa de Alberto cuando vi la pinche camioneta a lo lejos. Quise hacerme pendeja con el celular, inclusive quise darme la media vuelta y escapar, pero ya no tenía ningún caso y de todas maneras existía la pequeña posibilidad (en mi cabeza) de que siguieran su camino porque a)no me reconocieran o b) no tenían de qué hablar conmigo. No tuve tanta suerte. Entonces justo cuando creí que doblarían a la izquierda se detuvieron en la esquina. Llevaba los audífonos y pretendí no verlos pero de reojo noté como la señora bajaba de su camioneta. Todo me tembló. Qué horror. Estaba helada. Oí que gritaba mi nombre. Pretendí no escucharla pero entonces cruzó la calle mientras me gritaba y casi la atropellan. Ni modo de no voltear en medio de tremendo alboroto. Entonces la vi. Con la misma blusa que le vi los dos años que duré con su hijo. Igual de gorda. Igual de loca.
   Si hay algo que yo jamás hago es ponerme violenta o grosera en la calle. Nunca. Soy súper respetuosa, súper diplomática. La señora quiso llegar groseramente a exigir cosas. Su dinero. Quesque la deuda no había quedado saldada. Y según mis cuentas, saldada estaba. Pero odio tanto pelear por dinero que le dije que sí. Sí sí y sí. Me pidió mi número, mi dirección, mi trabajo y todo se lo dí. Sin poner ni un sólo pero. Tan tonta yo. Siempre me pasa eso cuando me toman por sorpresa. Y mientras estaba allí parada y mientras la señora me veía de arriba a abajo (y yo la veía directo a los ojos, porque a pesar de todo no le quise demostrar cuánto me afectaba) sólo pude acordarme de ti. No de ti precisamente, sino de esos momentos. Andas pregonando por el mundo cuánto (según tú) te odio, cuando no te he dedicado más de dos minutos, ni siquiera cuando tuve el tino de contestarte esas violentas llamadas. Me limitaba a reír (incluso cuando me ofendías). Me daba lástima la manera que tenías de demostrar tu frustración. Sin embargo, hoy, he decidido dedicarte este tiempo de mi vida (unos minutos o quizá horas, lo que me tome escribir este post). Eso sí, será el último. Y creo que quizás lo hago porque quise hacerme la fuerte cuando pasaron todas las cosas horribles. Sólo te lloré (y me lloré) una noche, aquella donde decidí dejar esa casa que compartimos durante 8 meses y de dónde me corriste continuamente las últimas semanas.

   Hoy no. Hoy he decidido que voy a llorar recordando todo lo humillada, sola y pendeja que me sentí. Y hoy he decidido hacer esto para perdonarme. Perdonarme todo lo que sentí y todo lo que me recriminé. Estoy lista.

  Mientras tu mamá estaba allí parada yo temblaba. Estaba lívida, fría. Y todas esas imágenes pasaron por mi cabeza. Sé que dije que no te odiaba. Y no lo hago. El pedo aquí es que no puedo perdonarme. No me perdono haber pasado tanto tiempo a tu lado. Sigo sin entenderlo. Si nunca estuve convencida. Nunca. ¿Por qué entonces accedí a tantas cosas? ¿Por qué accedí a estar a tu lado? ¿Por qué accedí a vivir contigo? ¿Por qué accedí a irme a España? ¿Por qué me costó tanto tiempo y tantas cosas darme cuenta? Seguramente la respuesta está en mi amor propio, en mi pendejez y en mi miedo a estar sola. Accedí desde el primer día en un estado completo de inercia. Me dio penita tu caso. Quise hacerle de buena samaritana y decir: "pues puede ser que yo haga feliz a este ser tan infeliz". Porque cuando yo llegué a tu vida eso es precisamente lo que eras. Infeliz. Lamento mucho haber sido la primera persona de quién te enamoraste así. Lo lamento porque sé que aún estás sufriendo y porque sé que aún me recuerdas. Sin embargo, entre todos mis grandes errores a tu lado, uno fue ése: querer hacerte feliz. Porque hoy y después de muchas cosas he comprendido que la felicidad de una persona no depende de que la amen. Ya ves, no bastó con que yo te amara para que fueras feliz. Siempre estuviste enfermo y siempre has sido una persona negativa. Ahora que lo pienso detenidamente eso fue lo que más me enfermó de ti. Porque efectiva y literalmente; enfermé a tu lado. Tú lo sabes bien. Sé que parece que te culpo, pero no es así. Al contrario, me culpo a mi misma por permitirme hacerme el daño que me hice al aferrarme a una relación que yo jamás pude contemplar a futuro. Cuando imaginaba la idea de pasar mi vida a tu lado me entraba una desesperación y una ansiedad asquerosas. Ya en los últimos meses esa sensación era cada vez más insoportable. Te repito, me culpo a mi misma y no sabes cuánto. Estoy enojada conmigo. A tu lado le hice cosas horribles a mi cuerpo, el estrés me tenía hecha un trapo. ¿Sabes qué es lo peor de todo? No me di cuenta sino hasta que te dejé. No podía concebir mi vida sola y pensaba "por lo menos él me quiere, por lo menos él me apoya". Qué tonta. Qué pendeja. 

   Sacabas lo peor de mi. Y de eso tampoco me di cuenta. La única certeza que siempre tuve fue que de terminar mi vida a tu lado, jamás sería feliz. Sí, qué ojete. Pero desde el primer momento, desde que acepté ser tu novia esa idea cruzó por mi cabeza fugazmente. Es hoy cuando volteo y miro lo que hice de mi misma. Era un monstruo. A mis 21 años era una señora en el cuerpo de una chava, vivía sin disfrutar nada, tenía manías enfermizas (como esa dónde me ponía de malas que mis pies desnudos tocaran la alfombra), me enojaba por todo, me sacaba de quicio hasta la más mínima cosa, me enfermaban tu necedad y tu energía negativa, me molestaba tu mediocridad, me asqueaba tu tibieza, me sacaba de mis casillas tu alcoholismo. No sé cómo me aguantaste. Y la verdad es que yo también sacaba lo peor de ti. Sobre todo en esos últimos meses donde lo nuestro era todo menos miel sobre hojuelas. Ya ves, ¡Hasta te volviste más alcohólico! Cómo olvidar el día que estuviste a punto de madrearme. No te atreviste, tampoco. Y qué bueno, porque si no me sentiría peor de lo que me siento ahora.  Ni tampoco olvido todas las pinches veces que pasé las vergüenzas de que fueras el más pedo de la fiesta. No lo voy a olvidar nunca y no por rencorosa, sino precisamente pa' no volverme a encontrar con un güey tan enfermo cómo tú. 

  Sin embargo, el sábado mientras tu mamá me veía de arriba a abajo (más delgada de lo que nunca estuve contigo, con la piel más bonita, el cabello peinado y la frente en alto) me acordé de esas últimas semanas. Qué asco sólo acordarme de eso. Tuve unas ganas de llorar tremendas. Pero me las aguanté. Me acordé cómo me corriste de la casa, me acordé de cada una de las veces que no me defendiste de tus hermanos o de tu papá cuando se portaban en extremo groseros conmigo (al punto de hacerme llorar), me acordé de lo humillada que llegué a sentirme con tu familia, recordé cómo veía con repugnancia la manera en la que tú y los de tu estirpe trataban a la gente de servicio, recordé cómo me peleaste hasta la última cuchara (porque tú la habías pagado con tu tarjeta), recordé cómo me corriste de la casa hasta cansarte (por teléfono siempre), recordé esa llamada en la que me cantaste bien pedo la de "Vete ya...", recordé cómo me dejaste completamente sola en los momentos en que más te necesité, recordé el nefasto sexo que siempre tuve a tu lado, recordé ese último mail que me enviaste diciendo que ningún hombre jamás volvería a amarme y que ningún hombre jamás volvería a inspirarse en mi para nada (aplastando el último resquicio de mi casi nula autoestima), recordé cómo esa noche huí de esa casa cómo una prófuga (si yo no era mala) y como Ricardo me ayudó a cambiar mis pocas cosas en su Bora plata aunque tuvimos que dar miles de vueltas y terminar agotados en algún punto de la madrugada. Recuerdo cómo lloré, cuánto lloré... porque estaba sumida en la peor depresión que haya vivido jamás. Qué humillación irme así, sin ruido para que los vecinos no me oyeran, cómo una delincuente. Y no. No me llevé NINGUNA de las cosas materiales que peleabas. Te las dejé todas, aunque yo hubiera contribuido a ellas. Te las deje toditas y no por hacerme la mártir, sino porque ya me tenías hasta la madre, porque lo único que yo quería era dejar ese capítulo atrás. Recordé esa primera noche que pasé en la otra casa, durmiendo en el piso, pero tan en paz cómo no había dormido en meses. Recordé como me acosaste hasta el punto en que creí que me iba a volver loca. Cómo me insultaste por teléfono. Recordé cada una de las veces en que me llamaste puta y mil cosas más. Recordé la vez que te encontré en la calle y me perseguiste porque a huevo querías hablar conmigo. Recuerdo tus exabruptos y tus ofensas en Facebook donde me llamaste vividora y cuánta cosa más. Recordé cómo me buscaste hasta en Twitter y oportunistamente te ponías en contacto con todos mis amigos para decir "tu verdad". Inclusive localizaste a Tania Valladares para mandarle una "historia". O "nuestra historia", según tú. Al mismo tiempo que reí con tu asquerosa redacción y las pendejadas que dijiste sentí unas ganas de... de... de vomitar. Eso es. Jamás había tenido ganas de vomitar por un hecho. Tú lograste eso. Qué patético fuiste. Si tan sólo te hubieras escuchado.... Si el dinero les va a dar paz y entonces es cuándo lograré que dejen de buscarme para siempre y será entonces cuando pueda yo saludarlos entre amablemente y de lejos pues SO BE IT. Tomen todo el dinero y llévense lo que tengan que llevarse (qué asco que hable en plural, pero da la casualidad que al final también metiste a tus papás en todo).
   Entonces tu mamá se atrevió a preguntarme que porque no iba a tu casa a pagarles. Ja. Y se lo dije: fuiste tan grosero al final que yo iba a hacer todo menos irte a buscarte para "pagarte" algo que según yo ya estaba saldado. Qué pocos huevitos tuviste siempre. Para todo. Eso es lo único que te deseo: un par de huevitos y energía positiva. Pero ¿Sabes qué? dudo que los consigas. Esos no los venden por ahí. Pero ojalá abras tu mente, porque sólo así se encuentran. 
   Nunca en medio de la ruptura fui grosera o patética. Nunca. Sólo reí (al más puro estilo de mi padre). Reí con todas las canalladas que me hiciste al final. Pero fue precisamente el sábado cuando me di cuenta que tenía que sacar lo que estoy sacando ahorita. Lloré tanto. Y es ya miércoles y sigo sintiendo ese malestar en el pecho. Pero es la última vez. 
   Por último; tomo TODA la responsabilidad en el 100% de la persona que fui y de los actos que cometí en esa relación. Todos y cada uno de ellos. Tú y yo simplemente no éramos compatibles. Tú por aferrarte a la primera mujer que amaste en tu vida y yo por aferrarme a no estar sola y al miedo que me daba lastimarte. Y ya ves, hoy sé que acabé más lastimada de lo que yo misma pensé. Me perdono por las canalladas que hice, por cada una de las groserías, por mi necedad... Tomo responsabilidad hasta de mi humillación y de las cosas nefastas que me hiciste sentir; y lo hago simplemente porque fui yo (y sólo yo) quien te dio el poder de hacerme sentir así por quererte o por aferrarme o por mi baja autoestima. Fuiste y significaste mi relación más larga, la más seria, la "oficial". Te quise, te quise mucho. Hubo momentos en que sí, fuiste el amor de mi vida. Hoy no. Ni lo serás nunca más. Justo iba a poner que no sé porque no le hice caso a mis entrañas desde el principio, cuando me dijeron que yo no iba a ser feliz a tu lado. Pero... ¿para qué? Lo que pasó, pasó. ¿Y sabes? Aprendí muchísimo de mi. Aprendí que a la próxima tengo que hacerle caso a mis entrañas. A la próxima tengo que admirar profundamente al hombre del que me enamore. La próxima he de mirar muy bien a la familia de ese hombre. La próxima tengo que entender de compatibilidad mejor de lo que lo entendí contigo. La próxima vez tiene que ser un hombre que simplemente saque lo mejor de mi, absolutamente lo mejor. Tiene que ser un hombre inteligente. Mucho muy. No el más guapo, pero que con tan sólo verlo me vuelva loca. Tiene que ser un hombre que me enseñe a cada paso, un hombre que aprenda de mi a la vez que yo aprendo de él. Un hombre buenazo en la cama. Un hombre que me trate como igual y a la vez comprenda mi condición de mujer. Un hombre que tenga detalles siempre y que no deje de sorprenderme. Un hombre lleno de ambiciones y de metas. Lleno. Un hombre trabajador. Un hombre de vibra positiva. 

   Entonces, ya va siendo tiempo de perdonarme a mi misma por esas decisiones que tomé a tu lado (y los errores cometidos).  Porque creo (y sólo creo) que esas cagadas son las que me han hecho un poco mejor persona. 

  Espero, con todo mi corazón que llegue el día en que deje de recordar esas cosas malas para acordarme sólo de las cosas buenas que pasé a tu lado. Espero volver a encontrar a tu mamá un día y dejar de sentirme tan enojada y tan humillada. 

   Estoy lista para lo que sea. Para volverme a enamorar, porque no me da miedo. Estoy lista para vivir mi vida llena de unas ganas electrizantes de ser quien soy. Me había olvidado ¿sabes?. Había olvidado a Dana. 

   Ya va siendo tiempo de perdonarme. 

10.11.10

La Teoría de los Regalos

Siempre soy asquerosamente romántica para todo. O para casi todo. Últimamente se me ha quitado un poco porque me esfuerzo en hacerme la fuerte. Pero sí, podemos decir que en general me gusta ver las cosas de forma romanticona (entiéndase por tal cosa soñador, sentimental y generoso. Y a la RAE me remito). Bueno, estábamos en que soy romántica y pa' acabarla de chingar intensa. Soy de ésas que cree en las ganas locas de hacer las cosas. 

   Yo siempre creí (en teoría) que los regalos más padres son siempre los que valen nada o muy poco. O a lo mejor que valen millones (si es que tienes pa' pagarlos) pero que se invirtió en ellos mucho tiempo, esfuerzo y creatividad. Vaya, que su costo (monetario) no importa gran cosa. En un mueble de la casa de mi papá, por ejemplo, hállase arrumbado un cenicero hecho por mis manitas de 5 años (en el kinder, sí). Recuerdo haber pensado entonces que el cenicero era bien lindito. Completamente inútil (mi papá nunca ha fumado), pero lindo. ¡Vaya! ¡Lo hice con mis manos! Creí que con ello bastaría para que a mi papá le gustara tal cosa. (¿Ya dije que está arrumbado?).

   En caso es que en algún punto de mi vida, mi alocada adolescencia, el odio de mi mamá a que le regalaran flores y lecturas del tipo Orgullo y Prejuicio, crecí creyendo que los mejores regalos eran aquellos que sin importar el costo tuvieran algún significado. Recuerdo cómo mi mamá se encabronaba de que mi papá le llegara con flores. Decía que era porque a mi papá se le había olvidado su cumpleaños o el aniversario y nomás se conformaba con ir a la florería y comprarle algo (y la neta, no se equivocaba. A las pruebas y el divorcio me remito). Decía que era muy fácil comprar flores y que no había ninguna intención en ello, ningún esfuerzo. Supongo que fue entonces cuando algo hizo click en mi cabeza y me hizo darme cuenta que sí; que no hay ninguna creatividad implícita en unas flores. Sólo una manifiesta falta de imaginación y una intención. 
   Me han regalado tres veces flores en mi vida. Todas ellas rosas. Y no, no eran arreglos en los que yo quedara embelesada, la verdad que no. La segunda vez, por ejemplo era una sola rosa. Roja. Sentí cómo se me revolvían las entrañas cuando la sacó (esa unita rosa) de detrás de su espalda, en medio de sus manitas adolescentes (Could he be anymore of a cliché?). Esa vez, fue por una muestra de amor. La última vez, por ejemplo, fue para pedirme que fuera su novia y en esa ocasión sí era una docena. Adivine usted el color. Sí, rojas. (¬¬). Sólo la primera vez tuvo el susodicho la creatividad (diminuta) de regalarme rosas blancas. Cada una de las veces me acordé de mi mamá. Inevitablemente. 

   También en algún punto de mi vida me di cuenta que lo que mejor sabía yo hacer era juntar palabras, y pensé que entonces, si regalaba mis palabras (inspiradas en amor) podría dar los mejores regalos en la vida. Lamentablemente la gente (amigos, ex novios, familia) prefieren las cosas meramente materiales a lo bonito que pueden ser las palabras. Y entonces empecé a dejar de creer en mi propia Teoría de los Regalos. Y de los detallitos mamones, cursilones y baratones pasé, básicamente a regalar cosas materiales. ¿Pos qué? Si así es más fácil y así le gusta más a la gente. Además dije; "si la gente no se quiebra la cabeza por mi, pues ¿Por qué me la voy a quebrar yo por ella? Casi me di por vencida. Y digo casi... 

   En menos de un mes, hay un ser que ha puesto a prueba la Teoría de los Regalos. Es un ser que siempre encontré harto extraño. Nunca entendía qué era lo que quería decir y siempre me dejaba perpleja (por no decir que me hacía sentir pendeja). Ahora que lo conozco más sólo puedo decir que es rarito (que conste que él mismo usó esas palabras). En punto es que la primera vez me tuvo cómo niña chiquita abriendo cajitas. Desde una muy grande, hasta una muy chiquita. Con instrucciones (las puso adentro). Y una serie de justos 61 detallitos (todos ellos con un costo de CERO pesos). Sonreí mucho. Cómo a las 6 am en un 6 de enero. Y me dejó pensando (hasta solté unas lagrimillas). Maldito muchacho. Porque nunca nadie se había tomado la molestia...
   El otro día me hizo escribirle 3 líneas. Que yo sabía causarían algo. 

  Y hoy, justo hoy me dijo: "te tengo una cosita rara que espero te guste". ASH, lame as I am, me emocioné toda. Era una foto. Con su mano. Sosteniendo una mariposa HERRRRRRMOSA. ¿Cuándo me habían regalado una mariposa hermosa? Pues nunca. Dice que iba saliendo del tren cuando la vio, la recogió creyendo que estaba muerta, le tomó la foto pensando en mi (AW!) y entonces fue que la mariposa revivió (por el calor de sus manos, dice el muy coco washer) y voló. Ya que la vi, la dejé abierta en la pantalla. Mientras escribo este post, está allí, abierta. Y no dejo de ver la textura de sus manos. CALL ME CRAZY. Ese pinche detalle de ir por la calle, ver una mariposa y acordarse de una. CHET. 

   Y nada. Quizás compruebe que mi Teoría de los Regalos es cierta.

   And... Houston, we have a problem. ¿Qué le voy a regalar yo ahora? :S

19.10.10

¡Arriba las putas!

"¿Sabes qué está del nabo? En este pinche país las mujeres no tenemos la misma libertad sexual que los hombres" Emo sonrió, es importante recalcar ese hecho. Sonrió, no rió. Sonrió como dándome la razón. Sabe que la tengo. Llevo meses pensando en este post, pero no sabía cómo escribirlo. 

   En México si llevas una vida sexual divina, sorry, eres una puta (si eres mujer). Pinche promiscua, pecadora, ¿Quién te va a querer así? 
  He de decirlo, gracias al papá dios de los pobres, a su dios católico, ése que no les permite disfrutar de su cuerpo en plenitud. Qué lástima. Y tenemos que agradecerle también a nuestras mamases (sic), a las novelas, a las películas de Disney (ya sé que insisto con lo de las películas de las princesas), las telenovelas y la religión. Oh sí, señor mío. He ahí las cuatro razones por las que tenemos mujeres insatisfechas (vulgarmente conocidas como "malcogidas") que no saben cómo hacer un Blow Job ni han tenido la dicha de disfrutar del kama sutra.  
   En México el término fuckbuddy es raramente conocido. Pero léanlo bien: Mientras más preparada esté una mujer, más disfrutará el sexo. Por eso, les explico: Fuckbuddy es una persona que básicamente sólo está para coger. No hay amor ni enamoramiento de por medio. Eso sí, conoces su background (por aquello del Sida y esas cosas) y sólo basta una llamada para satisfacer tus necesidades básicas. 
   No, en México (y en general en los países latinoamericanos) se asocia al sexo con amor, y son cosas completamente diferentes. Y créanme: sí es completamente distinto tener sexo con tu pareja de meses o años a tener sexo con un tipo por el que sólo sientes ganas de coger.
  Otra cosa que me parece de suma importancia y que muchas mujeres no llevan a la práctica en la cama: comunicación. "Me gusta eso", "así", "del otro lado"... Que alguien me explique porque las mujeres no dicen lo que les gusta y lo que no en la cama. Y eso sí, si no lo has probado ¿Cómo sabes que no te gusta? Es tu cama, es tu sexo, es tu placer... ¡Qué más da que digas lo que te gusta y lo que no! 
   Ya sé que ya estás pensando otra vez en el amor. Ya te dije que no hay tal. Sexo y amor son cosas distintas. Pueden ir juntas, sí. Pero no son necesarias. Puedes amar a un hombre que no te pone las cogidas de tu vida (me ha pasado) pero que con comunicación puede mejorar. Y puedes coger con un wey que no amas (que quizás puedas amar, aunque no me ha pasado). O puedes amar a un güey que desde siempre te cogió divino. Bleh, las mezclas están variaditas, no importa gran cosa. Lo importante es que sepas diferenciarlas y saber que puedes coger sin amar. Así de sencillo. 
   Seguro piensas que estoy loca, que cómo una vieja como yo va a venir a decirte después de tantos años que puedes ser una casquivana, ¿no? Pues puedo y te lo voy a decir. El sexo es una de las cosas más deliciosas jamás creadas por la naturaleza y no hay manera de vivirlo en su máximo esplendor hasta que tienes un orgasmo y después de práctica y de un buen partner y autoconocimiento, orgasmos múltiples. Y triste pero cierto, muchísimas mujeres en el mundo jamás han tenido uno. Lloro. 
   Ah y volvemos a lo mismo. ¿Quién te va a querer si ya estás usada, no? Tache. Si hay algún pendejo que piense eso, definitivamente es que no es el hombre para ti y solamente hará tu vida más miserable. ¿Llegar virgen al matrimonio? Si es por convicción me parece muy respetable, pero no te aseguro que tengas una vida sexual plena. Hay que probar la mercancía antes de comprarla porque un día puedes encontrarte siendo la mujer más insatisfecha del mundo. ¿Eres una puta? Pffft,  ¿Quién lo dice? Oh sí, ésos que dicen que ya te quemaste con medio mundo, ¿no? Y explícame; ¿Ellos por que si pueden andar cogiendo con quién sea? No me queda claro. Si buscamos un mundo de iguales, creo que deberíamos tener sexo igual que ellos. 
   Ah, sigue sorprendiéndome el tratar de luchar contra corriente, contra los instintos naturales de uno. No hay nada de malo en el sexo, que al finalizar sólo deja lindas estelas de endorfinas y relajación. Díganme, si diosito no quería que sintiéramos esas cosas ¿Entonces para qué inventó el sexo? Okay, esto es pura psicología invertida y nomás estoy intentando convencerlas. 
   
   Cuando Emo sonreía dándome la razón fue que le dije: "Pero tú te crees que es tan fácil deshacerse de las ideas y miedos con los que fue criada. No. Es lo más difícil." En esa parte de nuestra vida, de muy chiquitas es que nos enseñan que nuestra misión en la vida es estudiar (ay sí, ya estamos en la modernidad) y casarnos para dejarlo todo. Porque una mujer enamorada se obnubila (tema para otro post). Es bien difícil tratar de pensar distinto y ver a tus congéneres casándose y reproduciéndose cuál conejos. Se nos enseño a depender de los hombres, a sentirnos protegidas por ellos, a ser el "sexo débil" Es difícil soportar la presión social del "puta" o "quedada". Díganme qué princesa de Disney o qué protagonista de novela no termina con un hombre. No la hay. Es cómo si nuestra misión en la vida fuera esa. Lloro. ¿Y dónde están las mujeres sexualmente satisfechas? ¿Las madres trabajadoras? (aunque aquí me alegro mucho porque cada vez hay más) ¿Los niños y niñas que son criadas a la par por padre y madre? ¿Las mujeres que tienen una carrera profesional igual de larga y fructífera que la de un hombre? ¿Dónde están las mujeres que cambiaremos a este país? 
   Porque ustedes verán, he aquí el meollo del asunto: ¿Quiénes crian al mundo? Sí, nosotras. Esto que vemos a nuestro alrededor es nuestro. Básicamente podríamos rulear al mundo (muajajaja) y cambiarlo. Porque somos educadoras desde hace siglos y no tenemos ni idea de nuestro papel en el entramado social del que formamos parte. 

   Yo mientras tanto he aprendido a confiar más en las putas simplemente porque son las que más saben que tenemos exactamente el mismo derecho que un hombre de disfrutar de nuestro cuerpo y de descubrirlo en plenitud. 

Nota: creo que la RAE debería cambiar el significado de esa palabra. Y ya entrados en el tema les dejo esto, nomás pa' que vean que hasta en nimiedades traemos el machismo bien metido.


27.9.10

Querida Señorita Cosmo:

Qué lástima me dan las chicas como tú. Sí, ya sabes, ésas que se leen todos los tests tipo "100 razones por las que no te llamó" y "10 métodos infalibles para lograr que te llamen" o "36 trucos para volverlo loco en la cama y comiendo de tu mano para siempre" o "Cómo lograr disuadirlo de que te dé anillo sin que se dé cuenta". Irrisorios y sí, infalibles para que te dejen. Pero no nos engañemos. Tampoco es que eso haya salido de las revistas. Nuestra necesidad de explicarnos los actos masculinos no sólo viene de allí. ¡Bah! Como si entre nosotras no nos ayudáramos a hacernos las chaquetas mentales esas en las que el güey no es que no nos quiera, es que "no se ha dado cuenta" o "tiene miedo" (hilarante, ya sé).

   No es de hoy, ni de ayer. Es que si te molestaba de chiquita, te jalaba el pelo y te correteaba; "le gustas". Y ahora, si no te llama ni te busca; "tiene miedo porque le gustas demasiado" o "seguro está muy ocupado" (entre otras ideas más chaqueteras mentales). Quién sabe de donde sacamos esa idea de que mientras peor nos traten y más indiferentes sean, más nos quieren. 

   No crea querido lector, que yo no hago lo mismo (dejaré de ser vieja). Lo cierto es que cuando me hallo a mi misma dentro de estas cavilaciones me doy una cachetada y me doy cuenta que la ansiedad y la incertidumbre están del nabo. Si tengo ganas de llamarle al hombre en cuestión o de hablarle sucio o de decirle que lo amo o de decirle que ya fue; lo hago. No entiendo eso de estar campechaneandoles las cosas o peor aún de echarles las indirectas para que ellos las agarren directas. Sus cerebros no funcionan así, ¿Cuándo hemos de entenderlo? Lo mejor es ser claras y directas: "yo soy así y las cosas me gustan de esta manera, no hay más". ¿Qué tontita cree eso de que si haces las cosas que dicen los tests te va a querer y desear más el hombre en cuestión? Bueno, sí. Mi pregunta sobra, conozco a varias. 

   Además... qué hueva ser chica test cosmo. Neta que no se puede ser más cliché de mujer que aplicando los tests de esas revistas. Lo mejor, lo que más funciona (te lo jurito) es ser tu misma. Y quizás muchas veces las cosas no salgan como tú quieres, pero es que la compatibilidad no funciona de esa manera. El que te quiera (ay sí, ya va mi cliché barato) ha de quererte tal y cual tú eres. Pa' cada roto un descocido. Así que no os preocupeis. Algo llegará.

      La verdad es que la mente masculina funciona de una manera mucho más sencilla. Los hombres son mucho más honestos consigo mismos y no gastan energías pensando en "hubieras" y mucho menos en los significados de cada uno de nuestros actos femeninos. Ellos siguen más fácilmente sus instintos animales y la verdad es que de esa manera se complican menos la vida.

   Mientras tanto, te doy una fórmula infalible para la ansiedad, el aferramiento, la necedad y las chaquetas mentales: STOP RIGHT NOW! No vas a conseguir respuestas a las preguntas que te haces en tu cabeza si no haces las preguntas a la persona indicada (en este caso, él). Habrá ciertos especímenes que no se dignarán siquiera a devolverte la llamada, a contestar a tus SMS o  tus tweets o  en el MSN o en el FB chat o a tus comments en su wall o... en fin, que si sospechas que no te pela (sí, aunque sólo te llame pa tener sexo) entonces es que es hora de que dejes de hacerte chaquetas mentales. No te quiere y no le interesas (y no, si sólo te llama para sexo es que te quiere únicamente para eso. Sí, aunque sea lindo en medio del acto sexual). Si entonces has decidido dejar de hacerte chaquetas mentales respecto a los actos masculinos y sus incontables significados: ¡Felicidades! ya estás un paso más allá. Ahora, move on. El que sigue, next. No te aferres y no dejes de intentarlo. ¡Quién sabe! Tal vez ese güey que no supo ver lo que hay en ti, te hizo un favor y el mero bueno está esperando por ahí.

P.D. Y mientras tanto, quizás pudieras dejar de tener tantos complejos en la cabeza, informarte un poco en cuestión de sexología y ser un poquito más como ellos: desapegarte y disfrutar como loca de tu cuerpo (nomás digo). Si no es el bueno, pos úsalo. Jijiji. Y si eso no es lo tuyo, también está bien; acá no hay reglas.